la historia que no publiqué…

ya que nunca existió, porque nunca la escribí…

Continuando con las 12.5 reglas y recordando la que menciona que el escribir diario mejora día con día… he aquí… otra historia de un transeúnte perdido en la ciudad condal.

El día de ayer intenté cambiar de narrador, pero me fue imposible. Estoy mas que acostumbrado al narrador autodiegético, así que por hoy dejo al lado al omnisciente de ayer.

El tema de hoy no sé, creo que será una fusión. Porque se han preguntado que puede estar haciendo un monje con su catana acompañando a dos transeúntes en la oveja negra?. Cuesta trabajo, pero la verdad es que el monje ahí estaba. Uno de los transeúntes era yo, y otro un muy buen amigo de Argentina.

Los viernes por la noche a principios de septiembre, la oveja negra se caracteriza por estar con aforo completo, pero sin tantos guiris a comparación del climax del verano y uno que otro erasmus que acaba de aterrizar. El otro porcentaje corresponde a los habitantes de la ciudad, tanto barceloneses como extranjeros, pero que aquí vivimos.

El monje me miraba detenidamente, y yo solo sorbía cerveza caliente de mi vaso mientras observaba su catana, y escuchaba a Juan Manuel. Me preguntaba por el verano (que lo había pasado en México), por la escuela (que aún no comenzaba), y por “los problemas”. Todo segúia su curso, hasta que tocamos el tema de los problemas, a lo que le respondí, problemas, nada, bueno, si, no, ya no hay, emmm. Y es que la verdad había regresado como nuevo de tierras aztecas, pero aún faltaba aterrizar en la ciudad condal para darme cuenta que tan curado estaba.

Y lamentablemente la enfermedad no había sanado del todo. Solo fataba cerrar algunas heridas, pero como me reusaba a comenzar lo antes posible, mi “mood” era un tanto zombie. Eso sí, algo tenía seguro, me quedaban alrededor de diez días para comenzar con el último tratamiento y sanar. Porque la verdad quería comenzar con el pie derecho los estudios.

El monje seguía observandome, y yo con cara de WTF!!! que me ves? quieres pleito. Juego de miradas, haber quien parpadeaba primero. El monje por pensar que él era de algún monasterio del Everest, nunca se imaginó que el individuo que tenía al frente había sido campeón de mas tiempo sin parpadear en la primaria.

No fue si no hasta depués de casi cinco minutos cuando Juan Manuel al percatarse de mis ojos irritados temblorosos, me dijo oh Juan, tranquilo, que esto no es juego de miradas, lo he invitado para charlar con vos. Y yo, ah!, jo…

La oveja negra en ese momento cuando el monje emitió la primera palabra fue como si hubiese quedado a oscuras y sin un cliente, solos nosotros tres ahí sentados. Las lámparas se encendieron a la old old old school, cual si fuese una taverna de la edad media.

Y así comenzó la historia, (la verdad no recuerdo muy bien como iba, pero haré el intento rescatando el mensaje)

Juancito:

Había una vez un monasterio que era protegido por uno de mis colegas. Para poder ser guardián habría que ser el mas listo de todos en todos los sentidos. Pero lamentablemente murió. Así que se nos reunió a todos para elegir al próximo. No sabríamos en que consistiría la prueba, pero ahí estabamos todos sentados frente a un hermoso jarrón de piedras preciosas en el cual había una rosa, si una rosa que brillaba, la rosa mas hermosa que puedas imaginar.

Se nos dijo, he aquí el problema hay que erradicarlo. Un silencio invadió el monasterio, y de la nada uno de mis compañeros pego un brinco hacia el jarron, en menos de un segundo su catana estaba al aire la cual cayó sobre el jarrón y después de varios movimientos redució a la rosa en pedazos, al igual que al jarrón. No quedaba ninguna señal de vida de quel hermoso jarrón en el cual había una rosa hermosa.

El fue el elegido para guardián del templo sin dudarlo. Y porque? Porque cuando hay un problema, por mas bello que sea, por mas que brille y te haga feliz, hay que erradicarlo. Comprendiste Juancito? me preguntó Juan Manuel.

Después de aquella historia volvió la luz al local, el monje se había ido, y yo y Juan Manuel ahí seguíamos charlando mientras los guiris y erasmus celebraban, bebían y gritaban.

Notes